Alejandro Magno: Entrada Complementaria.

 Quien fue la persona mas acercada a Alejandro y como murio?

El hombre más cercano a Alexander con quien parece haber tenido una relación emocional, Hefestión. Cayó enfermo durante algunos juegos que se llevaron a cabo en la corte. 








Una semana después murió y, según las crónicas, Alejandro enloqueció de dolor, le raparon la cabeza y canceló todas las festividades. Alejandro fue a Babilonia con el cadáver de su amigo, celebró lujosos juegos funerarios en su memoria e hizo construir un gran mausoleo en su honor.







Donde se acentuaron sus territorios conquistados?

Los dominios de Alejandro se extendieron por tres continentes. En Europa tenía Macedonia, Grecia y Tracia. 



En África, Cirenaica y Egipto. Asia también le pertenecía, desde la Jonia helénica en el oeste hasta Punjab en el norte de la India. Pero este imperio universal se derrumbó tan pronto como murió el conquistador.



El legado de Alejandro Magno

Alejandro decidió dividir todos sus reinos entre sus 3 generales más queridos y leales. Para el primero: Los reinos de Macedonia y Grecia. Para el segundo: Los reinos de Asia Menor, Siria, Mesopotamia y el antiguo Imperio Persa. Para el tercero: el reino de Egipto.







Alejandro el Grande, el soberano que derrotó a los persas y extendió su imperio a la India, inspiraría también a grandes generales de la historia como Julio César o Napoleón Bonaparte.

Comentarios

  1. La información de Alejandro el Grande esta super completa y precisa a lo que buscaba

    ResponderEliminar
  2. Muy entendible la información, gracias por compartirla 😘

    ResponderEliminar
  3. me flipa alejandro magno,tiene tu nombre :vxd

    ResponderEliminar
  4. Gracias ha esta información he aprendido mas

    ResponderEliminar
  5. Poca informacion para un tema tan amplio. Los dominios de Alejandro se extendían por tres continentes. En Europa poseía Macedonia, Grecia y Tracia. En África, la Cirenaica y Egipto. Asia también le pertenecía, desde la Jonia helena, en el oeste, hasta el Punjab, en el norte de India. Pero este imperio universal se desmoronó nada más morir el conquistador.

    Los generales que lo sucedieron, los diádocos, lo despedazaron como una jauría. Sin embargo, con sus prolongadas guerras solo modificaron el mapa político, no el patrimonio alejandrino. La huella de este se mantuvo durante tres siglos pese a la breve existencia de su artífice.

    Únicamente el ascenso de Roma como potencia hegemónica internacional cerró este capítulo cosmopolita de la Antigüedad. Y aun así, la ciudad de los césares no acabó con el legado de Alejandro, sino que le dio un nuevo impulso. Permitió su supervivencia al integrarlo en el seno de su propia síntesis cultural.

    Los sucesores

    Todavía estaba caliente el cadáver de Alejandro Magno cuando en Babilonia, la ciudad de su muerte, se convocó una cumbre de estado. El monarca no había nombrado heredero, por lo que sus lugartenientes, en la tradición macedonia de los colegios electorales, se dispusieron a decidir su sucesor. Cada general tenía una postura respecto a cómo resolver la crisis.

    Ya se vio en este primer consejo que las discrepancias, inamovibles, acabarían zanjándose por las armas. Lo que siguió fue una orgía de sangre. Batallas campales, asesinatos palaciegos, secuestros, intrigas. Un caos profundo y mucha muerte. Cayeron inocentes como Alejandro IV, el hijo de Roxana, de trece años, la propia Roxana y también Olimpíade, la madre del rey guerrero.

    No corrió mejor suerte la otra viuda de Alejandro Magno, Estatira, la última princesa aqueménida y una de las primeras víctimas del caos sucesorio. Cuando acabó el conflicto, la familia del soberano había sido exterminada. No quedaba nadie del linaje de Alejandro. Cinco reinos habían surgido de su gran imperio.

    Al frente de estas monarquías estaban los diádocos, los sucesores, viejos y fieles amigos de Alejandro, como Ptolomeo en Egipto, pero también enemigos recalcitrantes, como el rencoroso Casandro. Este se adueñó de Macedonia sin importar que fuera el asesino de Olimpíade, de Roxana, del pequeño Alejandro IV y tal vez incluso de su padre, el legendario conquistador.

    El rey del mundo

    Pero la división política alteró la forma del Imperio, no su esencia. Alejandro había sentado un precedente: llevó a la práctica el concepto de una monarquía universal. Tuvo antecesores en ello, muy recientes: los emperadores persas de la dinastía aqueménida. Sin embargo, nadie salvo el Magno había unido Oriente y Occidente bajo un mismo cetro.

    Fue el único rey del mundo hasta la irrupción de Augusto en Roma tres siglos después. Detrás de este ambicioso proyecto había una base filosófica. No de su tutor Aristóteles, que consideraba bárbaro todo lo que no fuera griego, sino de Platón y Empédocles, defensores respectivos de un gobierno sustentado en la virtud de los más aptos y de una ley común para la humanidad.

    Al principio de la conquista, Alejandro delegaba funciones en sus compañeros macedonios. Pero una vez asegurada la ocupación de Persia –el núcleo duro de su poder– comenzó a designar o a mantener en altos cargos a administradores locales, siempre que fueran leales y trabajaran con rectitud y eficiencia.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Podriamos agregar que Era el modelo aqueménida: a la cabeza de la pirámide el rey de reyes, luego sus allegados –en el caso de Alejandro, los más capaces, no la aristocracia– y después una amplia red burocrática de procedencia diversa: macedonia, helena, irania, mesopotámica, egipcia, india...

      En pos de la unidad

      Esta participación de las naciones sometidas en el gobierno no gustó nada entre los griegos tradicionalistas, xenófobos. Tampoco les agradó que Alejandro adoptara costumbres orientales, como la postración ante su persona, o que mezclara en su atuendo macedónico elementos de la realeza persa, como la diadema y la túnica de rayas blancas. No comprendían el genio diplomático de un hombre adelantado a su tiempo.

      El hijo de Filipo ya no regía sobre un país periférico de la Hélade, sino sobre el conjunto del mundo conocido. La máxima expresión de su avanzada política de fusión fueron las llamadas bodas de Susa, celebradas en 324 a. C. En ellas, Alejandro contrajo matrimonio con Estatira, la hija del último soberano aqueménida, y casó a la hermana de esta, Dripetis, con Hefestión, su mano derecha.

      Hizo lo mismo con sus decenas de comandantes y las nobles persas, así como con miles de veteranos macedonios y sus novias de campaña. Buscaba propiciar un entendimiento intercultural para su trono universal, y qué mejor símbolo de concordia que unas nupcias colectivas.

      La mitificación del héroe

      Acontecimientos espectaculares como este, la difusión de sus hazañas bélicas o la fama de su generosidad fomentaron el nacimiento de innumerables leyendas sobre Alejandro. Proliferaban a su paso espontáneamente, como las que terminarían convirtiéndolo en el protagonista de aventuras sobrehumanas en los folclores asiático, africano y europeo.

      Otras historias eran urdidas a conciencia, con erudición y espíritu difamatorio, en Pella, Atenas y demás avisperos de sus adversarios. Estas últimas perfilaron la decadente caricatura que aún hoy asoma en ciertos textos: el tirano engreído, pendenciero y borrachín.

      Ambas mitologías, la admirativa y la despectiva, constituyen otro aspecto del legado alejandrino, el literario. Un tema recurrente de este, la apoteosis del héroe (históricamente la presunta deificación en el santuario desértico de Siwa en 331 a. C.), también incidió en la posteridad. En el terreno político, confirió a Alejandro una autoridad total sobre pueblos favorables a la divinidad del soberano, como el egipcio o, en menor grado, el persa.

      El culto a los césares romanos, la influencia de Carlomagno sobre la Iglesia o las monarquías absolutistas ya en la Edad Moderna tuvieron un referente de prestigio en esta faceta del gran macedonio.

      Un nombre de piedra

      Otro modo en que perduró la impronta de Alejandro fue a través de la fundación de ciudades. La carne se corrompe, la piedra, menos. A sabiendas de ello, el hijo de Filipo, ansioso de fama imperecedera, sembró decenas de centros urbanos desde el Nilo hasta al Indo. Plutarco calculó unos setenta.

      Fueran tantos o no, el rey del mundo fue uno de los mandatarios de la Antigüedad más dinámicos en este sentido. Casi todos los asentamientos que estableció –además de mejorar otros existentes– recibieron el nombre de Alejandría. Era una manera sencilla y eficaz de inmortalizarse.

      La Alejandría más importante fue la de Egipto, célebre por su biblioteca y su faro, pero también recuerdan al monarca la Iskenderun de Turquía o la Kandahar de Afganistán, entre otras. Son las arcaicas Alejandrías de Issos y de Aracosia. Sus apelativos actuales derivan de Iskandar, Alejandro en persa y en árabe.

      Helenismo, síntesis universal

      Estas ciudades nuevas y las de fundación anterior, unidas en un mismo dominio, fueron los principales focos de irradiación del fenómeno conocido como helenismo. El señorío de Alejandro abarcaba las civilizaciones griega, persa, mesopotámica, fenicia, hebrea y egipcia, entre otras.

      Eliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Alejandro Magno

Mi experiencia en el blog.